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¡Juguemos con los niños!

¡Juguemos con los niños!

A través del juego los niños se convierten en auténticos exploradores del mundo que les rodea en busca de aquello que satisfaga su insaciable curiosidad. El juego permite en el niño el desarrollo de diversas capacidades, que comprenden: la creatividad e imaginación, la cooperación, el razonamiento, la capacidad de resolución de problemas, de regulación emocional… es, en definitiva, una herramienta eficaz al servicio del aprendizaje vital.

Si el juego desempeña una labor fundamental en el desarrollo infantil, ¿por qué no implicarnos también en él los adultos?

Cuando una persona importante o de referencia para un menor participa y se implica en su juego, emergen una serie de emociones y se establecen fuertes vínculos afectivos que animan al niño a explorar y que le permiten constituir una imagen adecuada de sí mismo y del entorno que le envuelve. A través de estas interacciones, se potencia la expresión y comunicación de las emociones; los pequeños aprenden a regular sus propias emociones y a comprender las ajenas, descubriendo, de esta forma, que somos personas distintas, pero con sentimientos parecidos (aunque no idénticos), que surgen a lo largo de las relaciones humanas. Parafraseando a Javier Urra: “el mejor de los juguetes son unos padres dispuestos a jugar”.

El juego compartido puede ser, además, una magnífica ocasión para observar al niño y elogiar o alabar lo que esté haciendo, afianzando así los lazos afectivos, acercándonos más a él y aprendiendo a conocerle mejor.

Por otra parte, es importante dotar a los pequeños de la libertad de poder desarrollar su propio juego; no se trata de dirigir la experiencia, sino de compartir con ellos ese momento único y de participar sólo cuando el niño lo demande. El juego en solitario es también necesario para desarrollar capacidades como la creatividad y la autonomía.

Resumiendo: cuando los padres, cuidadores y otros adultos nos involucramos en el juego de los niños, estamos contribuyendo a su desarrollo y crecimiento personal.

¿Por qué no recuperamos nuestro niño interior y jugamos con ellos?

Opinya Psicología
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