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Viviendo en una burbuja

Viviendo en una burbuja

“Cuando el padre de Juan vea este desastre le va a caer una buena bronca. Mejor recojo yo sus juguetes para evitar que se enfade”.

“¡Cómo no! A María se le ha vuelto a olvidar apuntar los deberes para mañana. Una vez más tendré que llamar a la mamá de un compañero para que me los diga.”.

“De nuevo es la hora de la cena y Pablo no ha acabado su trabajo de inglés. Será mejor que se lo termine yo o esta noche no cenaremos…”.

Es posible que muchos padres se identifiquen con los pensamientos anteriores. Para algunos estas frases aparecen sólo en momentos puntuales o constituyen meras experiencias anecdóticas, mientras que para otros muchos, estos pensamientos se repiten y forman parte de su estilo educativo.

Los cuidadores que se enmarcan dentro de este estilo, denominado Sobreprotector o Permisivo, suelen caracterizarse por brindar a los niños excesivas atenciones tanto por las cosas buenas, como por las cosas malas, poner pocos límites y normas a sus conductas y coartar cualquier tipo de iniciativa en el niño de ser autónomo. Por contra, este estilo parental tiene algunos aspectos positivos, ya que suelen tratarse de padres afectuosos, cercanos y disponibles para los niños cuando estos lo requieran.

¿Cómo crecerá un niño bajo un estilo predominantemente sobreprotector? Cuando los padres o personas más allegadas a un niño tratan de evitarle cualquier mínimo sufrimiento o le hacen aquello que él no sabe hacer en vez de enseñarle a hacerlo por sí solo, están creando una persona dependiente de lo que los demás digan u opinen, insegura y con dificultades para tolerar la frustración.

La necesidad de algunos padres de evitar que sus hijos “sufran”, puede conducirnos equivocadamente a hacer de nuestros hijos personas débiles, dependientes de la aprobación de otros y sin recursos para afrontar los problemas.

“Cada vez que les sobreprotegemos les quitamos los anticuerpos ante su futuro”

Anna Mascaró

Opinya Psicología
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