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¡SOS!: Los terribles dos

¡SOS!: Los terribles dos

¿Cuántos padres no se han visto alguna vez desbordados por las explosivas rabietas de sus hijos en comidas familiares, supermercados o transportes? Este tipo de comportamientos son habituales y esperables en torno a los dos años de edad cuando el niño expresa de manera inmadura su enfado o enojo. Aún no sabe controlar sus emociones de una manera más eficaz. Será en la edad escolar cuando el niño empiece a regular sus propias emociones y las rabietas sean cada vez más infrecuentes.

Para poder entender por qué aparecen las rabietas alrededor de los dos años y no antes, debemos remontarnos unos meses atrás. Durante el primer año de vida, el bebé empieza a conocer el mundo a través de la exploración sin demasiadas limitaciones por parte de los adultos. A medida que el niño va creciendo y sus conductas de exploración se van haciendo cada vez más “peligrosas”, los padres comienzan a poner normas para indicar al niño lo que puede y no puede hacer. Ante este cambio repentino, el niño empieza a mostrar una actitud de negativismo o protesta para reclamar lo que en etapas anteriores le era permitido. Este complicado momento, tanto para los padres como para el propio niño, se conoce como “los terribles dos”: un intento por demostrar su autonomía e independencia. Llora cuando menos te lo esperas, dice que no a todo, hace justo aquello que sabe que está prohibido, desafía la autoridad paterna…son algunas de las manifestaciones más frecuentes de “los terribles dos”.

Cuando (¡por fin!) el niño cumple tres años, comienza a entender que los que mandan son sus padres y que pese a su deseo de ser autónomo y de moverse libremente, la realidad es que depende de sus padres a nivel funcional. A partir de este momento y durante el resto de su infancia, el niño entrará en una “etapa dorada” caracterizada por la admiración, el respeto y las muestras de cariño constantes hacia sus padres.

Este proceso resulta muy duro para todos los padres que tienen que enfrentarse diariamente a las rabietas y conductas desafiantes de sus hijos. Sin embargo, estas manifestaciones propias de los “terribles dos”, se consideran un buen indicador de que se están poniendo límites en el momento adecuado.

Opinya Psicología
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