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¿Deben preocuparme las “mentirijillas” de mi hijo?

¿Deben preocuparme las “mentirijillas” de mi hijo?

Las mentiras forman parte del ser humano, y son algo habitual en él. En muchas ocasiones son un mecanismo de defensa y de protección, y pueden ser adaptativas, pero en cualquier caso mentir no es bueno, sin embargo…

¿Cuántas veces hemos tenido que escuchar, como padres, las frecuentes mentiras de nuestro hijo?

Las mentiras en los más pequeños de la casa a veces ocurren de la manera más inocente, pero otras veces con verdadera intención, en cualquier caso la mentira constituye una forma normal de comunicación en el ambiente que se desenvuelven.

Para poder entender el por qué de las frecuentes mentiras de los niños, tenemos que tener en cuenta la edad y su desarrollo madurativo. Hasta alrededor de los 5 años, las mentiras que van a aparecer en los niños son naturales y sin ninguna intención, puesto que aún no diferencian la realidad de la fantasía. Es a partir de esta edad cuando comienzan a distinguir lo que es cierto de lo que no lo es, por ello toda mentira que pueda decir un niño mayor de cinco años es con intención y de manera consciente, por lo que es a esta edad cuando los padres deben comenzar su particular intervención.
Si a partir de este momento las mentiras aparecen de manera muy frecuente, nos puede estar indicando la presencia de algún tipo de problema de autoestima o inseguridades, que debe ser analizado y si es necesario tratado por un profesional.

Especialmente en los casos en los que las mentiras de los niños tienen cierta intencionalidad la actitud de los padres es fundamental. En primer lugar, deben explicar al niño claramente la diferencia entre la verdad y la mentira y el porqué de no mentir. Seguidamente se le debe detallar las consecuencias que tiene mentir. Pero sin duda, para que todo esto surja efecto es importante que los padres sean siempre un modelo de sinceridad para sus hijos, sin caer en contradicciones. Crear un clima de confianza en la familia también favorecerá que el niño no mienta, y cuente sus travesuras con tranquilidad y sin miedo. Por otro lado, se debe mantener la calma y la serenidad ante las mentiras y se le debe felicitar cuando diga la verdad. Estas indicaciones favorecerán la ausencia de mentiras en los niños, y en el caso de que ya existiesen, irán desapareciendo. Si no llegaran a desaparecer, lo más recomendable es buscar orientación profesional.

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