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La tartamudez infantil

La tartamudez infantil

Para la mayoría de las personas el hecho de mantener una conversación fluida resulta una acción automática, sencilla, que se inicia cuando deseamos trasmitir un mensaje a la persona que tenemos delante. Es algo que aprendimos cuando éramos pequeños y quizá nunca nos hemos planteado qué mecanismos están implicados en la emisión de frases y palabras. Para algunos, sin embargo, algo tan cotidiano como hablar puede suponer un verdadero reto. Este el caso de las personas que sufren tartamudez.

Si bien es cierto que el porcentaje de niños tartamudos no es muy elevado, las repercusiones a nivel emocional y social en aquellos que lo sufren, son muchas. La tartamudez se trata de una alteración del ritmo del habla que incluye repeticiones de sílabas, bloqueos en su emisión o prolongación de sonidos. Este problema suele aparecer entre los dos y los cinco años de edad, coincidiendo con la adquisición del lenguaje, y puede verse agravado por el estado emocional en el que se encuentre el niño en cada momento, esto es, ante la tartamudez el niño intenta corregir sus errores lo que aumenta su ansiedad provocando una exacerbación de los síntomas. Con frecuencia los problemas en el habla pueden estar acompañados de gestos o movimientos inapropiados, como parpadeos y muecas faciales.

Resulta fundamental que la tartamudez sea tratada lo antes posible, preferiblemente antes de los seis o siete años, cuando el lenguaje aún no está del todo consolidado y las probabilidades de éxito del tratamiento son más altas. Con una intervención adecuada por parte de un logopeda, la sintomatología puede mejorar sensiblemente, así como, las relaciones sociales y la autoestima del pequeño. Por otra parte, es importante que los padres y el resto de cuidadores adopten una serie de medidas para ayudar en este proceso. Con este fin, sería recomendable dedicar un tiempo diario a mantener con el niño algunas conversaciones agradables y sin prisas, que le permitan poner en práctica el lenguaje en una situación de seguridad y comodidad. Del mismo modo, resulta fundamental que los logros en la fluidez que el niño vaya alcanzando sean debidamente reforzados y evitar las constantes correcciones de sus errores pues, cómo se ha citado anteriormente, la tartamudez se ve agravada por la ansiedad experimentada ante las equivocaciones. Además de lo anterior, se debe animar al niño a que hable más despacio y se tome algunas pausas para pensar en lo siguiente que quiere decir. Por último, es importante que se respete el ritmo y los tiempos que el pequeño necesite a la hora de hablar, procurando no interrumpirle cuando esté hablando ni impacientarnos completando sus frases.

Opinya Psicología
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